Algunos dirán “el polirubro me sirve”, compro los remedios y las otras cosas que necesito en el mismo lugar. ¿Pero a que costo? ¿Perdiendo el histórico papel sanitario de la farmacia para convertirla en un mero punto de venta donde, en lugar de consejos, se ofrecen descuentos y promociones?
Una de las causas del poco respeto que los argentinos tienen por los medicamentos se debe al polirubro de la farmacia. A mezclar Biblia y calefón.
Si los medicamentos son venenos que en dosis exactas curan, si requieren correcta indicación y adecuado seguimiento, y si sabemos que pueden intoxicar o causar adicción ¿por qué mezclarlos con rollos de foto, pilas, juguetes y gaseosas, que no requieren los mismos cuidados?
El mal ejemplo para los niños es innegable; en el mismo lugar que les compramos remedios para curarlos, llevamos sus chocolates, chicles y caramelos favoritos. El niño entenderá que los fármacos son lo mismo que golosinas. Si además muchos padres, para lograr que sus hijos tomen los remedios, les dicen “tomalo, es un caramelito”, estamos iniciando a los niños en la automedicación.
Aunque la vieja farmacia ha muerto, el farmacéutico sigue siendo el profesional responsable de asesorar, de custodiar la receta, de elegir el medicamento adecuado para cada caso y de explicar su uso y conservación adecuados.
La farmacia como centro de salud se da de patadas con el polirubro. ¿Cómo brindar atención farmacéutica primaria entre chicles, galletitas y gaseosas? ¿Cómo controlar la tensión arterial, el índice de masa corporal y aplicar las vacunas entre bicicletas, paraguas y pomada para zapatos.
¿Cómo les digo a mis pacientes que los medicamentos son peligrosos y que deben tomarse con cuidado y mucho control, en un ambiente tan mercantilista, plagado de descuentos y de promociones irracionales como “lleve 2 y pague 1”?
La farmacia necesita menos comercio y más ciencia.
El Congreso debate la venta exclusiva de medicamentos en la farmacia, para controlar y mejorar el uso de los fármacos. Sin duda una medida indispensable. Pero ¿los remedios son riesgosos cuando se mezclan con golosinas en el kiosco y no cuando se mezclan en la farmacia?
Ya que estamos corrigiendo los defectos de la década de 1990, recomiendo poner la mira en recuperar el centro de salud y prohibirle a la farmacia vender productos que no sean sanitarios.
La farmacia debe dispensar exclusivamente productos sanitarios, es decir, medicamentos, hierbas medicinales, materiales de curación y odontológicos, cosméticos, repelentes, preservativos y productos biomédicos, como sondas, jeringas, tensiómetros y marcapasos. Lo demás está demás.
MARCELO PERETTA – 5/2012
Doctor en Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires
Secretario general del Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos – SAFYB