El triunvirato
fracasó. No solo por antiestatutario sino por la partidización y los reiterados
desencuentros de los 3 secretarios. Cada uno responde a su agrupación y como
resultado hay tres CGT en una.
La mejor forma
de defender nuestro comprensivo y solidario modelo sindical –envidiado en todo
el mundo-, es con el firme liderazgo de un único Secretario General, como el de
Hugo Moyano entre 2004 y 2016. Nuestro gremio nació en esa época e integró el
último Consejo Directivo, aprendiendo de los grandes.
Cuando se forzó
la unidad, algunos entendimos que “agua y aceite no se mezclan” y optamos por
contribuir desde las 62 Organizaciones Peronistas. No creamos otra CGT. Aunque
hubiéramos podido, preferimos no dividir.
Ahora que los
hechos nos dieron la razón, y terminada la elección de octubre, será tiempo de
elegir “un Secretario General y un Consejo Directivo” como
pedía “Momo” Venegas y, como corresponde, el que gana conduce y el que pierde
acompaña.
Entiendo que el
máximo cargo de CGT requiere dedicación exclusiva, por tanto no es para
diputados ni partidos políticos. Es para promover políticas laborales y para
defender –con firmeza y diálogo- las leyes, convenios, paritarias y obras
sociales que necesitan los trabajadores, y tanto costaron a quienes nos
precedieron.
Considero que
Pablo Moyano defenderá con juventud y agallas las banderas del sindicalismo
argentino en esa CGT, y Ramón Ayala aportará templanza y un imprescindible
diálogo honesto con el gobierno.
Por otra parte
están algunos “gordos” a quienes el Presidente Macri ya les sacó la ficha
porque piden de frente y fogonean el caos por atrás. No solo aplican el
doble estándar, sino que aprovechan su cargo en CGT para avanzar sobre espacios
ajenos.
Héctor Daer
incluyó en sus escalas salariales 2017 a los profesionales farmacéuticos y
bioquímicos a pesar de que su personería y Estatuto se lo prohíben por tener
excluido al personal jerárquico.
No respeta el
modelo sindical argentino constituido por gremios de actividad y de profesión.
Prefiere que cuatro gremios gordos sean todo y el único sindicalismo. Acuerda
con la patronal la mitad del piso salarial que nuestro sindicato tiene
homologado, y hace silencio cómplice frente al aumento indiscriminado del
precio de los medicamentos.
Sus prácticas
antisindicales que impiden a las asociaciones jóvenes cumplir su función
gremial específica, sumada a sus conductas mafiosas, que incluyeron una amenaza
de muerte que debí denunciar en la Fiscalía 37 (sumario 2256), son las razones
que explican la mala imagen que tenemos los dirigentes. Es parte del viejo
gremialismo.
Por suerte asoma
un nuevo sindicalismo, que incluye no solo a obreros, administrativos y
técnicos, sino también a profesionales dependientes con funciones diferenciales
pero con iguales derechos laborales. El Ministerio de Trabajo tiene bien
detectado el nuevo fenómeno, en donde los que trabajan con la mente son tan
trabajadores como los que ponen el cuerpo.
El problema no
es el sindicalismo sino algunos compañeros sindicalistas.
MARCELO PERETTA
Sindicato de
Farmacéuticos y Bioquímicos – SAFYB