En
la publicidad hay demasiada emoción y
muy poca información para los consumidores. Incluso varios anuncios
incumplen la Resolución MSP 20/05 que exige que “la información al consumidor sea objetiva, rigurosa y no induzca a
error”. Tampoco “contribuyen a que la
población tome decisiones racionales sobre su utilización”.
En
Argentina la publicidad se aprueba por medio de una “declaración jurada” en la
que el laboratorio afirma que “cumple con
criterios éticos de proporcionar información fidedigna y educación…”, y revela
“el nombre del producto a publicitar, la
agencia encargada de armar la pieza publicitaria y el detalle del plan de
medios.” ¿Son suficientes requisitos?
¿Es
sensato dejar el contenido de la publicidad de un medicamento librado al
criterio de quien lo vende? Dejar en manos de la industria farmacéutica la
educación sobre fármacos es como creer que las cerveceras pueden instruirnos
sobre alcoholismo o las tabacaleras sobre cómo dejar de fumar.
Si
bien la publicidad sobre medicamentos es indispensable para que la gente
conozca las bondades de los productos, el análisis
previo de los guiones publicitarios permite racionalizar el mensaje, y descartar
propiedades farmacológicas no probadas que induzcan a error y engaños al consumidor.
En
EEUU la publicidad de un medicamento debe informar las contraindicaciones del
producto -para proteger a quienes no pueden consumirlo- e indicar un plazo
máximo de 7 días de uso, tras lo cual se debe indefectiblemente consultar a un
profesional.
La
frase de estilo “Ante cualquier duda consulte
a su médico o farmacéutico”, no alcanza para frenar la automedicación que
en Latinoamérica es mayor del 60% de la población.
Cabe
recordar que en Argentina hay 200 mil internaciones anuales por abuso de
fármacos y más de 20 mil muertes. Por eso el Estado debe garantizar que la información destinada al consumidor sea objetiva,
rigurosa y univoca para que tome decisiones pensadas.
Además,
no es racional que en medio de pandemias como Gripe, Dengue o Zica se continúe
la publicidad de medicamentos que favorecen la automedicación, cuando el mismo
Estado reclama no automedicarse para no enmascarar o agravar estos problemas.
La
agencia reguladora de medicamentos de Brasil, ANVISA, prohibió temporalmente la
publicidad de Aspirina e Ibuprofeno porque dificultaban el diagnóstico y
tratamiento de gripe y dengue. Una decisión criteriosa, ya que no puede
desaconsejarse la automedicación y promoverla al mismo tiempo; y también tuvo
el coraje para enfrentar corporaciones más interesadas en vender remedios que
en la salud de la gente.
Por
otra parte, aunque la publicidad aumenta las ventas del producto, lo que
debería bajar su precio, se sabe que mientras más conocidos, los remedios son
más caros. Un estudio del Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos
SAFYB demostró que el costo de los medicamentos de venta libre aumenta a medida
que crece su publicidad.
Un
ejemplo es el analgésico Tafirol® (Paracetamol) de 500 mg por 10 comprimidos cuyo
precio aumentó 70% desde que su fabricante empezó a publicitarlo masivamente a
los consumidores, mientas que, en igual período, el precio de un Paracetamol
“genérico”, de iguales características, aumentó 20%. Los fármacos publicitados
son 28% promedio más caros que los menos conocidos, según dicho estudio.
Los
medicamentos de venta libre factibles de publicitarse constituyen el 25% del
total y representan una facturación anual de 2000 millones de dólares, pagados
del bolsillo de los argentinos ya que no tienen cobertura como los recetados. El
público debería preguntarse por qué
pagar millones extras en fármacos publicitados, que no son más efectivos que
el resto.
No
es mi intención discutir el papel vital de la publicad de los buenos fármacos.
Pero considero que la publicidad farmacéutica debería responder primariamente a
una novedad terapéutica y que un Estado fuerte y presente debería impedir que
el precio del producto publicitado se dispare y asegurar que la información
brindada prevenga riesgos, eduque y se base en datos científicos reales y en
políticas sanitarias claras, no en estrategias de venta que se hacen pasar por
ambas.
MARCELO
PERETTA – 11/2012
Doctor en
Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires
Secretario
general del Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos – SAFYB