Algunos ejemplos son: Risperidona aprobada para esquizofrenia y usada para el trastorno bipolar, Amitriptilina aprobada para la depresión y empleada para migrañas, Ciprofloxacina aprobada para infecciones gram positivas y negativas y usada para cualquier tipo de infección, Hidrocodona autorizada para tratar la tos o el dolor y empleada para buscar despersonalización e irrealidad, y Misoprostol, aprobado como protector gástrico y usado para abortar.
Últimamente se agregaron a la lista el Metilfenidato, disponible en cuatro marcas, y Modafinilo, con tres opciones diferentes. El primero está indicado para el déficit de atención con hiperactividad en niños y el segundo para evitar el sueño profundo incontenible (narcolepsia). Sin embargo, ambos están siendo usados por estudiantes universitarios para aumentar concentración y vigilia.
Existen tres formas de usar remedios de modo diferente al aprobado: (a) para combatir otras enfermedades, (b) con dosis, frecuencia o duración cambiados, y (c) para tratar niños cuando el producto fue aprobado para adultos.
Muchos médicos presionados por pacientes y por compañías farmacéuticas recetan sin restricciones, más allá de lo autorizado. Demasiados farmacéuticos, limitados por su condición de trabajadores en relación de dependencia, ponen pocos límites y ninguna traba para acceder a fármacos con fines diferentes a los autorizados.
La gente cree excesivamente en los beneficios “ilimitados” de los medicamentos y casi nada en sus riesgos. Un comentario de alguien cercano o la opinión de un compañero de trabajo resultan suficientes para ponernos una pastilla en la boca.
Solo hay riesgo en usar fármacos con fines no estudiados ni aprobados. Falta más farmacia basada en la evidencia y menos en anécdotas.
MARCELO PERETTA – 10/2010
Doctor en Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires
Secretario general del Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos – SAFYB