Eso
no alcanza, una política antidroga debe incluir trazabilidad para garantizar autenticidad
y rastreabilidad de los fármacos: conocer qué y cuánta droga base entra al
país, en cuántas unidades (comprimidos, litros, kilos, etc.) de medicamentos
terminados se transforman, por donde se distribuyen, en qué lugar se almacenan
(farmacias, hospitales, etc.), quiénes toman esos productos y qué resultados
obtienen tras su empleo.
Hay
que garantizar importación controlada, producción segura, comercialización legal
y utilización racional. Así se evitarán los desvíos que van al narcotráfico y el
continuo robo de medicamentos que alimenta el circuito ilegítimo.
Pero
¿es posible la trazabilidad? claro que sí, ya que existen herramientas
tecnológicas específicas para lograrla,
como códigos de barra unívocos, microchips inmodificables o estampillas de seguridad intransferibles.
El
productor hoy registra sus procedimientos. Tiene documentada la cantidad de
gramos, kilos o litros de materia prima que se transforman en lotes de
productos terminados, con detalle de día, hora y operario. Es decir, en la fase
se producción ya existe trazabilidad.
El
producto se envía a droguerías o distribuidoras, pero éstas no le facturan a
las farmacias con el número de lote, ni con otros datos esenciales del producto
vendido. Aquí se pierde la trazabilidad, ya que al vender sin detalle, las
droguerías no pueden decir con exactitud qué entregaron y a quien. Menos aún si
le venden ilegalmente a kioscos y supermercados.
Si
se quiere mejorar, las droguerías deben venderle solo a las farmacias,
entregando una factura de venta, con todos los requisitos legales vigentes, y
especificación de la fecha en que el producto ingresó a la droguería, el CUIT
del laboratorio proveedor, el número de lote, la fecha de vencimiento de cada
producto, y la firma digital del director técnico. Es fundamental la tarea de
supervisión del ingreso, permanencia y egreso de productos que haga el
farmacéutico.
Por
su parte, la farmacia deberá registrar al paciente con: nombre, DNI, domicilio
y medicamentos que consume, confeccionando una Historia de Medicación, y entregarle un ticket de venta que, además
de los requisitos legales, contenga la fecha en que el producto ingresó a la
farmacia, el CUIT de la droguería proveedora, el número de lote y la fecha de
vencimiento del producto dispensado y la firma digital del farmacéutico en
prueba de conformidad.
Así
el comprador recibirá un ticket que le permitirá conocer, además del nombre y precio
del medicamento, el origen y la ruta que siguió hasta llegar a sus manos.
Importante si deberá “introducirlo en su boca”.
Sería
también la oportunidad para incluir información escrita sobre el uso correcto
del medicamento dispensado. A partir de ahí, el farmacéutico podrá hacer el
seguimiento, para asegurar que lo abrirá oportunamente, lo consumirá
correctamente y lo conservará adecuadamente.
A
menudo tomamos conocimiento que determinados productos, o sus lotes, deben ser
retirados del mercado, por defectos de fabricación o conservación, o por falsificación
o adulteración. Con la trazabilidad se podrá conocer el lugar exacto en donde
se encuentra el producto y proceder a su retiro; incluso en la casa del
paciente.
Trazabilidad
no es burocracia, es conocer la ruta de los remedios con ayuda de la tecnología.
Es el primer paso de toda política farmacéutica antidrogas. Después tendremos que
poner a disposición de las farmacias el registro actualizado de médicos prescriptores
para evitar recetas truchas, respetar la función del farmacéutico “experto en
medicamentos” y terminar con el canal ilegal de comercialización de remedios.
Creer
que con allanar un par de lugares y encarcelar algunos delincuentes se acabarán
los remedios “truchos”, la “mafia” de medicamentos y los “narcos”, es como
confundir inscribirse en la universidad con ser doctor.
MARCELO PERETTA – 4/2010
Doctor en Farmacia y Bioquímica de la
Universidad de Buenos Aires
Secretario general del Sindicato Argentino de
Farmacéuticos y Bioquímicos – SAFYB